Todo empezó cuando un
día en la oficina de Andrés
estábamos comentando que para fin de año 2004-2005 íbamos
a ir a Guanacaste, específicamente a Papagayo. Entonces
le comenté la idea de irnos en bicicleta.
Empecé a
averiguar rutas y con un mapa dibujado a mano, dos bicicletas y
un par de alforjas, el 25 de diciembre a las 6:30 de la tarde,
después de unos cuantos regalos y fiestas navideñas,
tomamos un bus que nos llevó a Playa Sámara. Cerca
de las 12:30 am nos bajamos del bus, nos cambiamos la ropa por
una licra, un jersey y unos zapatos de ciclismo y empezamos nuestra
aventura por la costa Pacífica.
Iniciamos el recorrido con
focos, los cuales no utilizamos en ningún momento debido
a que era luna llena y el cielo estaba totalmente despejado. Era
tanta la luz, que nos permitía
ver nuestra propia sombra.
Pedaleamos muy tranquilos cerca de 4
a 5 horas por la calle que va paralela a la costa atravesando playas
como Sámara, Garza,
Guiones, Nosara y algunos ríos, hasta que por el cansancio
y la trasnochada decidimos parar. Entramos a una playa en donde
lo primero que nos recibió fue un cementerio; seguimos caminando
sobre la arena para alejarnos un poco del lugar y poder descansar.
Durante
este transcurso observamos muchos pedazos de lo que pensábamos
era basura; también algunos gatos corriendo sobre la playa,
así como un aroma desagradable e incómodo que no
distinguíamos. Saqué un par de pañoletas y
las extendimos sobre la playa y algo dudosos nos acostamos a descansar.
Ya era tarde y se podía escuchar el sonido de las olas reventando
así como deleitarse con el espectáculo perfecto de
la luna llena metiéndose en el mar a nuestra derecha y el
sol enseñando sus primeros rayos a nuestra izquierda.
Después
de alrededor de una hora, desperté y lo
primero que observé fue a Andrés acostado a la par
mía intercambiando miradas con unos pájaros que nos
observaban muy interesados desde una palmera.
Un rato después
empezamos a caminar para salir de esta playa y poco a poco nos
fuimos aproximando a un hombre que le estaba lanzando palos a algunos
pájaros que se le acercaban con
intentos de agarrar algo.
Este hombre era un guarda parques que
estaba tratando de evitar que los pájaros se comieran las
decenas de tortugas Baulas recién nacidas que llevaban rato
intentando llegar al mar para poder ser libres. Fue ahí cuando
nos dimos cuenta que el olor que habíamos percibido horas
antes y que las extrañas
basuritas de color blanco que se observaban por toda la playa,
eran simplemente cáscaras viejas de tortugas que luchaban
por alcanzar el mar. Por supuesto que nos llevamos una gran regañada
por parte del guarda parques por haber pasado parte de la noche
en esta playa tan preciosa y prohibida: Ostional
Durante el resto
de la mañana y parte de la tarde seguimos
la ruta, atravesando lugares paradisíacos como San Juanillo,
Manzanillo, Lagarto, Junquillal, Avellanas y Langosta hasta llegar
a Tamarindo, en donde decidimos tomar una lanchita que cruzaba
el estero que une Playa Grande con Tamarindo.
En
Playa Grande pasamos una noche muy tranquila y como a las 9 de
la mañana del
27 de diciembre volvimos a arrancar cruzando playas como Parque
Nacional Las Baulas, Flamingo, Potrero, Ocotal, El Coco y Hermosa
hasta que por ahí de las 3 pm logramos
llegar a nuestro punto final, el Golfo de Papagayo.
El ride en
bicicleta fue precioso pero mas lindo aún fue poder
compartir con alguien tan especial todas las bellezas y sorpresas
que nos puede brindar cada rincón de un país tan maravilloso
como es Costa Rica.
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