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BITÁCORA
 

MI PRIMERA RUTA

 
Por Alvaro Sáenz

Hoy escribo cómodamente sentado, con mis piernas quietas, mi espalda recta, y con el pulso y respiración estable y tranquila. Días atrás este escenario podría sonar tentador, cuando el hambre, el sol y el cansancio, hacían de las suyas en mí y en los más de 350 conquistadores que tomamos la salida en Punta Leona en la edición XIII de la famosa Ruta de los Conquistadores.

Siempre he sido un fiebre de la bici, pero nunca la había tomado tan en serio, mi participación en carreras de aventura me lleva a cumplir largas jornadas de mountain bike, pero nunca pensé siquiera que pudiera meterme a carreras exclusivamente de ciclismo, y mucho menos del nivel de La Ruta. Sin embargo en el 2004, cometí digamos que el error, de ir a apoyar a mi amigo Luis Quesada (Güicho) que la hizo, y la sensación indescriptible de estar en medio de la emoción y acción que se vive en esta carrera, me hizo tomar la decisión de participar al año siguiente.

Finalizando las carreras de aventura del 2005 hable con Geovanni (Clavi), mi entrenador y le dije "quiero hacer La Ruta"; un poco de oposición se dio, pues esto desviaría toda la planeación para el 2006 pero al final hubo un apoyo incondicional, por lo que iniciamos la preparación 2 meses antes de la carrera, demasiado poco tiempo, según pude constatar después. Ajustamos dietas, comenzamos a madrugar TODOS los días, un par de mejoras a la bici y listos.

Acercándose la fecha, comenzaron los detalles importantes que debían ser resueltos, empezando por el dinero de la inscripción, pues la carrera no es nada barata, y gracias a una excelente relación laboral y personal, apareció Economy Rent a Car, quienes sin dudarlo decidieron apadrinar a este novato de La Ruta, también mi familia y personas queridas me tendieron la mano, y así ya estaba una semana antes listo para la carrera. La curiosidad y el nerviosismo me hacían hablar con mucha gente de experiencia (Ligia, Luigi, Erick), con mi entrenador, y los consejos eran muy similares, cuídese el día 1, coma e hidrátese bien en Carara, lleve su ritmo aunque su más acérrimo rival le pase, trate de llevar asistencia propia, y así tomaba nota de cada consejo al pie de la letra.

Jueves por la tarde iba montado en mi carro hacia Punta Leona, con esas mariposas en el estómago revoloteando y haciendo pensar: "para que me metí en esto, mejor estaría sentado en mi casa comiendo y viendo TV", pero por otro lado la adrenalina empezaba a fluir y las piernas a necesitar acción. Llegamos al hotel, reunión, registro, cena y a dormir, bueno, intentar dormir, pues la adrenalina me mantuvo despierto por casi 2 horas, y cuando logré finalmente dormir, apenas si pude descansar 3 horas.

DIA 1

Y llegó el día ..... viernes 11 de noviembre del 2005, 5:27 a.m. arranca la carrera, tímidamente me coloque en los puestos traseros del pelotón, pues prefería darle espacio a esos ciclistas Pro que representarían al país y a los que nos visitaban. Una salida breve y cuidadosa en los húmedos adoquines de Punta Leona, y empezaba a ganar algunas posiciones. Entramos a un plano de algunos kilómetros sobre el pavimento, y sabía que venía una cuesta larga, por lo que decidí acomodarme un poco más adelante, para ganar posiciones ahora que se podía y no cuando la gravedad lo evitara, me encontraba a gente conocida y saludaba, por allá un último consejo de la gran Ligia: "llévela del cuello porque falta mucho".

Y entramos a la cuesta. Con las piernas ya calientes empezamos a subir y subir y subir, ..., gente me pasaba y yo le pasaba a gente, los más escaladores comenzaban a ganar posiciones, yo veía hacia adelante decenas de personas, volteaba y veía decenas de personas atrás. Al cabo de bastantes minutos, se termina el ascenso, unos cuantos columpios y caemos al primer barrial, la distancia me decía que estábamos prontos al PC, pero el barro colorado se empecinaba en retrasar la llegada. Llego y está mi amigo, y asistente del primer día, Daniel, un par de cambios de botellas por "camel" y sobres vacíos por alimentos y salimos hacia el famoso y aterrador Carara. El inicio parecía sencillo, pero de pronto el barro colorado aparece y empiezan las complicaciones, los ascensos, aunque breves, eran casi imposibles pues las llantas no agarraban, los planos empezaban bien y luego de algunos metros la acumulación de barro en toda la bicicleta frenaban las llantas, dificultaban los cambios y recargaban los brazos al tener que empujar, cargar y limpiar la bici, y en las bajaditas, pues bueno, 5 metros se avanzaban, los 4 siguientes se rodaba por el piso y los últimos se caminaba. Sin embargo el ánimo seguía bueno, yo comía y bebía, comía y bebía, como me lo habían aconsejado, los kilómetros continuaban en un escenario similar, algunos ríos nos refrescaban y permitían limpiar un poco el barro de las bicis. De pronto un largo ascenso, fuera del bosque que nos protegió por largo rato del sol, salta a nuestros ojos y las respiraciones se agitan, las conversaciones desaparecen, y una concentración general se presentan para completar ese trayecto.

De pronto, el barro desaparece, aparecen tramos pedaleables, a los cuales se entraba luego de una negociación con las piernas que venían un poco acostumbradas a caminar, y se empieza a rodar de nuevo. Por allá me topo a Omar de EcoSport, con esa alegría y sus palabras motivadoras y las fotos me hacen sacar algunas sonrisas, porque hay que salir presentable en las fotos. A este punto, vengo acompañado de un compañero mexicano, al cual veo y me doy cuenta que está más afectado que yo, él me pregunta "cuánto llevamos recorrido?", veo mi odómetro y veo que marca apenas 38 kilómetros, él no me lo cree y me dice que el aparatito está malo, minutos después llegamos al PC 2 y el mexicano nuevamente pregunta y el staff le dice que vamos por el kilómetro 58, y él de inmediato me dice "ves como está malo", yo en mis adentro me decía "orale manito, espérate para veas, te van a sobrar kilómetros güey". Salimos de ahí y entramos a largos trayectos pedaleables, a veces se alcanza gente, a veces me pasa gente, situación que se mantendría por el resto de la carrera.

Acá mis abastecimientos estaban quedando en cero, pero el kilometraje, mi kilometraje y no el del PC, me decía que el PC 3 estaba a poca distancia, llego y no encuentro a Daniel, la preocupación me invade, tomo una barra y una bebida del PC y sigo, pues no puedo darme el chance de esperar, ya viene el pavimento y ahí todos van a darle más duro, me voy y empiezo a recorrer kilómetros hacia Grifo Alto, una cuesta interminable, por allá me topo algunos conocidos, unos en carro y otros en bici, apoyando y motivando a seguir. Llegando a Grifo Alto aparece Daniel, al fin ...., un par de consejos, un recargo de suministros y la energía vuelve, de pronto empieza el descenso, y recuerdo los consejos del entrenador, si llegando a Piedras Negras se siente bien, cambien el paso constante y ataque, vuelvo a ver a mis piernas, y las veo con intenciones de dar más, un gel por ahí las motiva aún más y empieza el jalón final, de casi 30 kms pero que había que aprovechar, empiezo a sobrepasar grupos de ciclistas, 2 por aquí, 3 por allá, algún solitario, y de pronto me pasan 2 ciclistas que imagino su entrenador les dio el mismo consejo, seguimos dándole y Daniel se me acerca y me dice, a 300 metros van 3 más, y póngale para alcanzarlos, entro a Ciudad Colón y no tenía gente para alcanzar, y la estrategia ahora se convierte en cuidar la posición actual, de pronto en el último ascenso hacia Piedades diviso a otro corredor y volvemos a presionar un poco, al llegar al pavimento le adelanto y se pega a mi rueda, el odómetro me dice que faltan todavía 3 kilómetros, esto va a ser un cierre fuerte, de pronto la ruta gira a la izquierda y sale de la calle principal, no se contaba con eso, pero no podía dejar que me pasaran, caemos a una propiedad grande, y a la distancia puedo observar el toldo que indica la meta, un jalón más, un pedalazo más, ...., puedo sentir a mi rival de turno en las espaldas, pero no puedo dejarlo pasar, el último sprint y listo, el Día 1 terminaba, reviso mi reloj y veo que duré 9 horas y 50 minutos, consulto mi posición y me dicen que fue de 137. La alegría me invade, logré sobrepasar el famoso y complicado Día 1 de La Ruta, aparece mi hermano y me felicita, luego Daniel y luego más conocidos. Una limpiadita con Chilo de Biker a la cleta y vamonos a recargar para el día siguiente. En mi casa me esperaba Doña Luz, mi queridita madre, que estaba atenta a ver que necesitaba y que quería comer.

DIA 2

Llega el Día 2, quizás el que me genera más tranquilidad porque lo conozco casi completo, y sé a lo que voy. Llego a la salida con mi asistente del Día 2, mi hermano Mario, me encuentro a mi compañero de trabajo Danny en la salida, y la conversación con ellos ayuda a disipar un poco la "nervia" de siempre antes de la salida de una carrera. Sale la carrera y es similar al día anterior, una posición conservadora, aprovechamos el pavimento para adelantar a algunos y entramos al ascenso con el juego de pasar a algunos y que algunos nos pasen, por allá me topo con dos amigos, Gastón y Max, a los que el aire todavía da para saludar, sigue el ascenso entre lastre, potreros, un poco de barro y la entrada de piedra que nos hace mantener el equilibrio mientras subimos, un último jalón y estamos a 200 metros de la salida al pavimento, a lo largo diviso otro par de amigos, Roy y Ronny, que me dan el último empujón mental para terminar el primer ascenso.

Me voy con un grupo de 4 para llegar a Llano Grande, y descendiendo hacia la Iglesia del pueblo veo a uno de mis compañeros de viaje accidentarse fuertemente, un carro mal estacionado lo hizo hacer una maniobra insuficiente para evitar el accidente, paso por la iglesia y le grito a los "locales" que llamen al 911. Seguimos bajando, una subidita hasta Tierra Blanca y ahí está mi equipo de asistencia, me cargan botellas, me dan comida, y vamos para el ascenso fuerte hasta cerca del volcán Irazú, seguimos subiendo y el apoyo de la gente este día es increíble, mi origen cartaginés me hace toparme muchas caras conocidas que le dan a uno voces de apoyo, le ofrecen asistencia y te ayudan a mantener la mente clara, aparecen Laura, Federico, Guillén, Machado, Juancito, Marco Gamboa, Maní Blanco, Marcos González, Eugenia y demás. Finalmente veo que estoy terminando el ascenso, veo muchos carros estacionados, mucha gente, aplausos, última asistencia mía hasta la meta, paso golpeándome contra un carro pues el chofer no se percata de mi presencia y está atravesado en media calle y busca orillarse por donde yo pasaba. Veo a mi hermano y sobrinitos, uno toma fotos, otro me graba, mi hermano me da una Coca Cola que me sabe a gloria, una última recargada y a bajar.

El primer descenso es duro pero digamos que normal, luego entramos a unos columpios y llega a la Central, en las faldas del Volcán Turrialba, en donde siempre hacemos la parada técnica para el agua dulce y los gallos de queso frito, pero hoy, eso no va a ser posible, de pronto otro conocido, Carlos Araya, que justo ese día subió a darse un "ride" en moto. Avanzamos un poco más, pasamos de largo el PC que está en la parte más fría y mentalmente me comienzo a preparar para el descenso que viene, el más temido descenso, y comienza ..., esquivo unas piedras, brinco otras, ...., y camino al lado de otras, de pronto alcanzo un Suzuki Samurai, que va de piedra en piedra y escucho a gente gritar "llevó un gringo quebrado aquí", y me digo a mis adentro "no quiero escuchar: llevo un tico quebrado aquí", por lo que comienzo a bajar aún más cauteloso, digamos que este no es mi fuerte precisamente. De pronto empiezan "gringos voladores" a pasarme, con su Litespeed y Specialized de doble suspe, y comienzo a hacer números de cuantos me pasan, pero bueno, ya es un poco tarde para preocuparme por eso, póngale lo que se pueda, y hasta el final. Sigo bajando, de pronto finalizando las piedras gigantes, un poco de lastre mejora la velocidad, y sobre todo el tiempo sobre la bici, un poquito de pavimento, y un lastre largo donde 4 "gringos" se me meten y me mandan a un paredón, el cual logro esquivar y escucho a lo largo "oh sorry", unos metros más, una sonrisa más para Marta y Omar de EcoSport y a la meta. De nuevo a la casa a descansar y prepararse para el último día. De nuevo doña Luz me esperaba con su deliciosa cocina. Y mi amada me da un delicioso masaje, el cual me pregunto porque no pedí el día anterior.

DIA 3

Llega el Día 3, nuevos bríos, nuevas energías y nuevo equipo de apoyo, mi hermana Marta y su amigo Coto. Llegamos más temprano de la cuenta, pues no queríamos imprevistos en el trayecto entre Cartago y Turrialba. Terminamos de alistar todo, una última visita al potrero del lado a desahogar el nerviosismo, y arranca la carrera, las piernas parecía que no llevaban más de 200 kilómetros.

Empezamos a rodar, y empiezo a sacar provecho del conocimiento de la calle, nuevamente empiezo en una posición conservadora y comienzo a pasar gente, por dicha, paso más de los que me pasan. Entramos a un sube y baja en asfalto, y de pronto desvío a la derecha y el descenso hasta el Reventazón. Nos habían advertido de lo peligroso que estaba, comenzamos a bajar y llevaría unos 800 metros cuando pincha mi llanta trasera, oh no!, primer imprevisto, no había pasado nada en los días anteriores, pero esto no debe ser mayor problema, me bajo y cambio el neumático, avanzo de nuevo y a los 10 metros pincho de nuevo, ahora si la preocupación me ataca, solo traigo un neumático, y ya lo use, van a salir los parches, me bajo y reviso y sorpresa: no solo mi neumático estaba dañado, la llanta también, tenía un hueco por donde se salía el neumático y se rompía, la mente comienza a correr a pasos agigantados, que hago?, mi asistencia está en el PC 1, como a 14 kilómetros de donde estoy, nadie va a darme una llanta para seguir, y bueno, tomo la decisión de seguir a pie hasta el PC, en fin, casi siempre hay que hacerlo en las carreras de aventura. Empiezo a caminar, y la gente me sigue pasando, acelero el paso más y más, y de pronto estoy corriendo cuesta abajo, entre barriales y charcos, un par de malos pasos me hacen recordar la tierra que nos da de comer, sigo bajando y llego al puente del Reventazón en Peralta, en el poblado había un "local" lavando la bicis, y yo comienzo a preguntar por una solución, de pronto un par de cleteros que andaban de "ride" ven el problema y me dicen que la remendemos, comienzo a preguntar en casas y me regalan un hilo y una aguja, y empiezo a recordar a mi madre cosiendo mis ropas, mientras hacía unos "overlock". Uno de ellos me repara el neumático y vamonos, empieza el ascenso hacia Santa Teresita, 8 kilómetros de ascenso, que inicio conservador pues me preocupa la llanta, sigo avanzando y al kilómetro escucho el estallido nuevamente, sin pensarlo más me bajo y empiezo a caminar, al fin y al cabo, son "solo" 7 kilómetros hasta el PC, la gente me sigue pasando y pasando.

Yo procuro mantenerme concentrado, pero los pensamientos de retirarme, de que no voy a terminar la carrera aparecen, sigo avanzando comiendo y bebiendo para poder estar bien físicamente cuando la solución aparezca, de pronto, luego de 2 horas y 20 minutos, 14 kilómetros de caminata, llego al PC, el cual se estaba cerrando pero logro que me tomen el número, ahí está mi cuerpo de asistencia muy preocupado, buscamos opciones, no ando otra llanta de repuesto, lo que me queda de experiencia para la siguiente vez, de pronto hay un niño en una casa, que con sus ojitos curiosos seguía el paso de los acalorados y agitados competidores, le hablamos y le pedimos una llanta, el se asombra y se sonríe de que está siendo parte de la carrera, nos dice que si y sale hacia adentro de su hogar, y al minuto esta de vuelta con una llanta vieja, casi sin taco, probablemente de algún familiar y que estaba botada en algún lugar de la casa, le preguntamos cuanto es y nos dice que nada y Coto empieza a cambiar la llanta y yo me siento a tomar la refrescante Coca Cola con un "sandwich" para tener la energía para lo que falta.

Luego de unos minutos salgo de nuevo en mi caballito de aluminio hacia Limón, sabiendo que aún me restaban 97 kilómetros por recorrer, la adrenalina vuelve a mí, los pensamientos negativos se desvanecen, y el agradecimiento a aquella señora que me dio el hilo y la aguja, y al niño que me dio la llanta me inyectan de energías, y por supuesto, a mi equipo de apoyo. Comienzo a pedalear sin ni siquiera pensar que sigue, solo quería terminar, comienzo a pasar gente, me topo al fotógrafo Trocas y lo saludo, él me toma la foto y me grita "diay que mae, se perdió !!". Eso saca una sonrisa a mi cara y seguimos en descenso fuerte, y luego de algunos minutos viene el ascenso al famoso Alto de la Alegría, lo tomamos con calma pues nos han advertido del mismo, empezamos y mi "nueva" llanta empieza a trabajar mejor de lo que esperábamos, agarrando entre el lastre suelto, de pronto llegan mi equipo de apoyo y me empieza a seguir de cerca en el ascenso, minutos después, llega un segundo equipo de apoyo, mi hermano que me asistió el día anterior llega con su familia y comienzan a vigilar mi avanzar. De lejos escucho el "vamos tío, vamos tío!!".

Termino la cuesta y llego al pavimento, entro con un "gringo" y empezamos a trabajar juntos, de pronto una perdida corta de un par de kilómetros hacen que el se adelante y sigo trabajando solo, llegamos a la pista hacia Limón y arranca el largo trayecto sobre el pavimento, en el cual deseaba tener compañeros que me ayudarán a "trabajar" cortando viento, sigo avanzando, y alcanzo al "gringo" que me había dejado botado, y ahora yo lo dejo botado, sigo y como al kilómetro 25 alcanzo a otro competidor, nos ponemos de acuerdo y empezamos a trabajar, de pronto un pequeño ascenso, y mi compañero se queda, no hay tiempo de esperarlo, sigo avanzando y me topo 2 señales de La Ruta que giran a la izquierda y nace la duda si se será alguna de esas o hay que seguir. No hay chance de equivocarse, mejor seguimos, luego de casi 55 kilómetros llegamos al desvío a Estrada, se siente un alivio de que se iba sobre la vía correcta, y en mi odómetro vea que faltan menos de 30 kms.

 

 

 

 

 

Al entrar al desvío aparecen Marta y Omar, que además de apoyarme toman algunas fotos, y me renuevan el coraje, sigo avanzando y llego al penúltimo PC, ahí paro, tomo un par de pedazos de sandía para refrescar y me voy rumbo a la famosa línea del tren. Empiezo a tomar cruces que pasan por encima y al lado de la línea, en un plano largo, rodeado de pobladores, en un ambiente que asusta, algunos gritan cosas, los niños piden chocolates, y las miradas de algunos me hacen apresurar el paso. De pronto, unas flechas verdes, y a subir a la línea, antes de esto yo me decía "esto de la línea es fácil", pero de pronto me encontraba en medio de dos rieles, a veces caminando, otra veces montado, con mi delgadita llanta trasera golpeando las bases de línea, y mi espalda recordándome que existía. Comienzo a alcanzar gente, y la gente al escuchar me saluda y me pasa, sigo avanzando y me pongo en una fila de al menos 10 personas que no me dan paso, al poco rato de ir tras de ellos llegamos a un puente, mis compañeros temporales de viaje comienzan a pasar cautelosamente, y en un pequeño arranque de adrenalina, tomo mi bici, la cargo al hombro, y empiezo a pasar brincando el puente por el lado externo del riel, un paso en falso y hubiera llegado a Moín nadando, los demás competidores paran y esperan para ver el chapuzón, que dichosamente no llega.

Vuelvo a la línea, y finalmente una flecha a la izquierda y al camino de arena y charcos, una fruta a la boca, y el último jalón, quedan menos de 10 kilómetros, sigo alcanzando gente, que me vuelven a ver con cara de satisfacción pues todos están a punto de lograr la gran meta, terminar la Ruta de los Conquistadores. Los adelanto pues quiero recuperar todo el tiempo posible, para que en la tabla general el atraso de este día no me afecte tanto. Grandes charcos salen a mi paso, los cuales procuro sobrepasar sin bajarme de la bici, al fin y al cabo, quedan tan solo unos kilómetros si tuviera que caminar, que lo había entrenado temprano. Llego al último PC y encuentro gente comiendo y engrasando, pregunto cuanto falta sin bajarme de la bici y me dicen que solo 3 kilómetros, solo eso. Eso me da una energía extra, y paso el PC de largo, para mis adentros pienso: "que están haciendo ahí sentados?, ya no falta nada, ponganle". Hago un último sprint de arena y charchos y logro sobrepesar unas 10 personas. De pronto, comienzo a topar "locales", y carros, y más y más carros estacionados, la gente me empieza a felicitar, siento en el estómago una sensación que ya no es de hambre, ni de ganas de ir al baño, es pura emoción; avanzo más y la gente me aplaude, un par de temerosas lágrimas asoman a mis ojos, las cuales logro disimular con mis anteojos. Minutos después estaría cruzando la meta, entre el bullicio de la gente, la música, los gritos "vamos tío" y una felicidad interna e incomparable que genera terminar una carrera, y aún más, una Ruta de los Conquistadores.

ASO.

 
         

 
 
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