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Expedición Al Cerro Kamuk

 
Por Jorge Luis Ramírez

Todas las expediciones tienen sabor a niñez. El madrugar expectantes por la incertidumbre, el desayuno forzado y salir aún de noche hacia nuestro punto de partida, fue como revivir los paseos de cuando era pequeño.

Sin embargo, la expedición que teníamos por delante no era cosa de niños, había requerido de preparación física, de planeamiento de la alimentación y la selección del equipo necesario.

Salimos desde Tapyeba, todavía oscuro y llegamos a las 8 a.m. del 3 de Enero del 2006 a Tres Colinas, donde nos dejaría el doble tracción. Carmen y yo iniciamos el primer día de ascenso, desde este pintoresco caserío donde viven 15 personas aproximadamente. Ellos le dan mantenimiento al sendero Kamuk, construyen y además sirven de guías locales. Sin embargo, ese día nosotros salimos solos. Desde 1875 msnm hasta el primer campamento, a 2670 msnm. Pasando por el Cerro Bekon, donde nos montamos en la fila o división continental.

Es un ascenso cómodo, ya que las pendientes son moderadas y en algunos casos se camina por las filas, además el sendero está muy bien mantenido.

Al iniciar la caminata las nubes vinieron a recibirnos y nos tragaron, como haciéndonos suyos. Desde ese momento fue como dejarlo todo atrás.

Luego de caminar 5 horas aproximadamente llegamos al primer campamento.

El MINAE ha determinado que los visitantes al Parque deben acampar solamente en las áreas designadas y el estudio de Capacidad de Carga determinó que los grupos de expedicionarios no deben se mayores a 8 personas.

Estas medidas aunque limitan el acceso al Cerro Kamuk y al parque en general son las que van a garantizar su buen estado en el tiempo, y que el impacto humano sea el menor posible.

Los campamentos cuentan con agua, un lugar para colocar las tiendas y letrina. Llegamos al primer campamento como a las dos de la tarde. Luego de haber caminado entre bosques de cedros viejos, entre neblina, arrullados por el viento y por el trino de aves desconocidas.

Allí pasamos la primera noche. Rodeados de árboles de 30 y 50 metros de alto, el viento causa ruidos extraños y para nuestra sorpresa al día siguiente como a la 5 de la mañana la temperatura era de 5 grados centígrados fuera de la tienda.

Luego del desayuno, una sabrosa avena y un cafecito, salimos hacia el cerro Kasir. Este es un cerro que está en la fila de la división continental y el primer punto desde donde pudimos ver nuestro objetivo final. El cerro Kasir tiene una altura de 2959 msnm. El día estaba claro, y pudimos ver además el cerro Nai, nuestra próxima cima con 3129 msnm. Esta caminata fue entre bosques viejos con árboles pequeños y retorcidos, del tipo que salen en las películas donde aparecen dragones.

Encontramos en el sendero una osamenta de un puercoespín que al parecer había sido presa de un puma. No es fácil ver estos animales depredadores, ya que por su olfato y buena vista huyen al darse cuenta de nuestra presencia.

Finalmente llegamos al Cerro Nai, el que apodamos el BALCON DEL PACIFICO.

Desde esta cima, pudimos ver el Golfo Dulce, La Península de Osa, la desembocadura del Río Sierpe y la del Térraba; todo el Valle de Coto, hasta Panamá al sur y hasta el Chirripó al Norte.

Desde luego hacia el oeste pudimos ver el Cerro Kamuk que nos pareció tan cercano, y además pudimos ver el camino que tendríamos que recorrer para llegar hasta su cima. El cerro Dudú y el Cerro Apri, todavía frente a nosotros y formando como un arco o media luna desde el Nai hasta Kamuk.

Entre el Cerro Nai y el Cerro Dudú hay un descenso de casi 2.5km y de 300m de profundidad hasta llegar al campamento 2.

Es un descenso hermoso, lleno de árboles altos y viejos, cubiertos de musgo y parásitas. Exuberante, después de haber pasado por parches de páramo en la cumbre del Nai y del Kasir.

Al campamento 2 llegamos al medio día de la segunda jornada, allí almorzamos y descansamos un rato, además recargamos agua. Ya habíamos caminado 6 horas y estaba por delante el ascenso al Cerro Dudú a 3056 msnm; es decir, teníamos que subir 300 m pero en 1 km aproximadamente.

Fue un ascenso duro pero muy gratificante, ya que empezamos a ver las huellas de cientos, sino miles de dantas que han pasado por allí desde tiempos inmemorables. Además vimos huellas de algún felino grande, ya que las mismas eran del tamaño de una mano abierta.

Luego de pasar el Cerro Dudú, el viento empezó a soplar y las nubes pasaban a gran velocidad, el frío se hizo presente, aunque si nos manteníamos caminando no era molestia. Del Dudú hasta el Apri hay una serie de columpios, donde se forman barriales en los valles. Estos barriales son como los que se forman en las fincas ganaderas por el pasar de las vacas, con la diferencia que aquí las huellas eran de dantas de diferente tamaño. Unas grandes y profundas, otras medianas y otras pequeñas y superficiales. Quizá las primeras de los padrotes y las últimas de las crías.

Se nos empezó a hacer tarde y decidimos buscar dónde poner la tienda, no sabíamos cuánto faltaba para el campamento final o 3. Finalmente encontramos un planito, que limpiamos un poco y allí pasamos la noche; al lado del camino, en una fila refugiándonos del viento con unos arbustos. Durante la noche la temperatura bajo a 5 grados dentro de la tienda, y fuera estuvo a -3.

Realmente hizo frío, el equipo que llevábamos nos mantuvo calientes, sin embargo era mejor quedarse quietos y hechos un puño.

La mañana del 5 de Enero nos levantamos y dejamos el equipo y la tienda en el lugar donde pernoctamos, para hacer el ascenso final. A las 6 de la mañana ya estábamos en camino. No habíamos encontrado agua potable, ya que no había llovido en días pasado y los riachuelos habían sido enlodados por las dantas.

Buscábamos el campamento 3 y agua. Tuvimos que subir un poco más, y finalmente encontramos ambos, aunque el agua apenas fluía, más bien estancada nos salvó de la sed. Ya con nuevos ánimos, nos enfilamos hacia la cima del Kamuk todavía a 1km, por una de las secciones más bonitas de la caminata.

El páramo estaba floriado, de tal manera que era como caminar por un jardín y el único ascenso que enfrentamos fueron los 100 m hasta la cumbre, por una pared de 90° en varias partes.

Pero finalmente llegamos a los 3549msnm. Firmamos el registro que está en la cima en una caja plástica. Y pudimos ver emocionados casi medio Costa Rica.

Pasamos un tiempo tomando fotos y disfrutando nuestra conquista, para luego bajar y volver hasta el campamento 2. Al día siguiente bajamos hasta Tres Colinas, donde la montaña nos había tragado, y haciendo un gran esfuerzo, recordar quiénes éramos. Los cuatro días envueltos de bosque y de cielo azul nos transformaron, nos hicieron olvidar las cosas superfluas de nuestras vidas, que son más de las que nos damos cuenta. Pudimos valorar y poner en perspectiva las cosas que realmente valen la pena.

Subir al Kamuk te enfrenta con tus miedos, tus limitaciones y al conquistarlos, creces en todas las áreas de tu vida. No por nada los indígenas consideran estos parajes como sagrados.

 
         

 
 
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