Todas
las expediciones tienen sabor a niñez. El madrugar
expectantes por la incertidumbre, el desayuno forzado y salir aún
de noche hacia nuestro punto de partida, fue como revivir los paseos
de cuando era pequeño.
Sin embargo, la expedición
que teníamos por delante
no era cosa de niños, había requerido de preparación
física, de planeamiento de la alimentación y la selección
del equipo necesario.
Salimos desde Tapyeba, todavía oscuro
y llegamos a las 8 a.m. del 3 de Enero del 2006 a Tres Colinas,
donde nos dejaría
el doble tracción. Carmen y yo iniciamos el primer día
de ascenso, desde este pintoresco caserío donde viven 15
personas aproximadamente. Ellos le dan mantenimiento al sendero
Kamuk, construyen y además sirven de guías locales.
Sin embargo, ese día nosotros salimos solos. Desde 1875
msnm hasta el primer campamento, a 2670 msnm. Pasando por el Cerro
Bekon, donde nos montamos en la fila o división continental.
Es
un ascenso cómodo, ya que las pendientes son moderadas
y en algunos casos se camina por las filas, además el sendero
está muy bien mantenido.
Al iniciar la caminata las nubes
vinieron a recibirnos y nos tragaron, como haciéndonos suyos.
Desde ese momento fue como dejarlo todo atrás.
Luego de caminar
5 horas aproximadamente llegamos al primer campamento.
El MINAE
ha determinado que los visitantes al Parque deben acampar solamente
en las áreas designadas y el estudio de Capacidad
de Carga determinó que los grupos de expedicionarios no
deben se mayores a 8 personas.
Estas medidas aunque limitan el acceso al Cerro Kamuk y al parque
en general son las que van a garantizar su buen estado en el tiempo,
y que el impacto humano sea el menor posible.
Los campamentos cuentan
con agua, un lugar para colocar las tiendas y letrina. Llegamos
al primer campamento como a las dos de la tarde. Luego de haber
caminado entre bosques de cedros viejos, entre neblina, arrullados
por el viento y por el trino de aves desconocidas.
Allí pasamos la primera noche. Rodeados de árboles
de 30 y 50 metros de alto, el viento causa ruidos extraños
y para nuestra sorpresa al día siguiente como a la 5 de
la mañana la temperatura era de 5 grados centígrados
fuera de la tienda.
Luego del desayuno, una sabrosa avena y un cafecito,
salimos hacia el cerro Kasir. Este es un cerro que está en la fila de
la división continental y el primer punto desde donde pudimos
ver nuestro objetivo final. El cerro Kasir tiene una altura de
2959 msnm. El día estaba claro, y pudimos ver además
el cerro Nai, nuestra próxima cima con 3129 msnm. Esta caminata
fue entre bosques viejos con árboles pequeños y retorcidos,
del tipo que salen en las películas donde aparecen dragones.
Encontramos
en el sendero una osamenta de un puercoespín
que al parecer había sido presa de un puma. No es fácil
ver estos animales depredadores, ya que por su olfato y buena vista
huyen al darse cuenta de nuestra presencia.
Finalmente llegamos
al Cerro Nai, el que apodamos el BALCON DEL PACIFICO.
Desde esta
cima, pudimos ver el Golfo Dulce, La Península
de Osa, la desembocadura del Río Sierpe y la del Térraba;
todo el Valle de Coto, hasta Panamá al sur y hasta el Chirripó al
Norte.
Desde luego hacia el oeste pudimos ver el Cerro Kamuk que
nos pareció tan cercano, y además pudimos ver el camino
que tendríamos que recorrer para llegar hasta su cima. El
cerro Dudú y el Cerro Apri, todavía frente a nosotros
y formando como un arco o media luna desde el Nai hasta Kamuk.
Entre
el Cerro Nai y el Cerro Dudú hay un descenso de casi
2.5km y de 300m de profundidad hasta llegar al campamento 2.
Es
un descenso hermoso, lleno de árboles altos y viejos,
cubiertos de musgo y parásitas. Exuberante, después
de haber pasado por parches de páramo en la cumbre del Nai
y del Kasir.
Al campamento 2 llegamos al medio día de la segunda jornada,
allí almorzamos y descansamos un rato, además recargamos
agua. Ya habíamos caminado 6 horas y estaba por delante
el ascenso al Cerro Dudú a 3056 msnm; es decir, teníamos
que subir 300 m pero en 1 km aproximadamente.
Fue un ascenso duro
pero muy gratificante, ya que empezamos a ver las huellas de cientos,
sino miles de dantas que han pasado por allí desde tiempos inmemorables. Además vimos
huellas de algún felino grande, ya que las mismas eran del
tamaño de una mano abierta.
Luego de pasar el Cerro Dudú, el viento empezó a
soplar y las nubes pasaban a gran velocidad, el frío se
hizo presente, aunque si nos manteníamos caminando no era
molestia. Del Dudú hasta el Apri hay una serie de columpios,
donde se forman barriales en los valles. Estos barriales son como
los que se forman en las fincas ganaderas por el pasar de las vacas,
con la diferencia que aquí las huellas eran de dantas de
diferente tamaño. Unas grandes y profundas, otras medianas
y otras pequeñas y superficiales. Quizá las primeras
de los padrotes y las últimas de las crías.
Se nos empezó a hacer tarde y decidimos buscar dónde
poner la tienda, no sabíamos cuánto faltaba para
el campamento final o 3. Finalmente encontramos un planito, que
limpiamos un poco y allí pasamos la noche; al lado del camino,
en una fila refugiándonos del viento con unos arbustos.
Durante la noche la temperatura bajo a 5 grados dentro de la tienda,
y fuera estuvo a -3.
Realmente hizo frío, el equipo que llevábamos nos
mantuvo calientes, sin embargo era mejor quedarse quietos y hechos
un puño.
La mañana del 5 de Enero nos levantamos y dejamos el equipo
y la tienda en el lugar donde pernoctamos, para hacer el ascenso
final. A las 6 de la mañana ya estábamos en camino.
No habíamos encontrado agua potable, ya que no había
llovido en días pasado y los riachuelos habían sido
enlodados por las dantas.
Buscábamos el campamento 3 y agua. Tuvimos que subir un
poco más, y finalmente encontramos ambos, aunque el agua
apenas fluía, más bien estancada nos salvó de
la sed. Ya con nuevos ánimos, nos enfilamos hacia la cima
del Kamuk todavía a 1km, por una de las secciones más
bonitas de la caminata.
El páramo estaba floriado, de tal manera que era como caminar
por un jardín y el único ascenso que enfrentamos
fueron los 100 m hasta la cumbre, por una pared de 90° en varias
partes.
Pero finalmente llegamos a los 3549msnm. Firmamos el registro
que está en la cima en una caja plástica. Y pudimos
ver emocionados casi medio Costa Rica.
Pasamos un tiempo tomando fotos y disfrutando nuestra conquista,
para luego bajar y volver hasta el campamento 2. Al día
siguiente bajamos hasta Tres Colinas, donde la montaña nos
había tragado, y haciendo un gran esfuerzo, recordar quiénes éramos.
Los cuatro días envueltos de bosque y de cielo azul nos
transformaron, nos hicieron olvidar las cosas superfluas de nuestras
vidas, que son más de las que nos damos cuenta. Pudimos
valorar y poner en perspectiva las cosas que realmente valen la
pena.
Subir al Kamuk te enfrenta con tus miedos, tus limitaciones y
al conquistarlos, creces en todas las áreas de tu vida.
No por nada los indígenas consideran estos parajes como
sagrados.
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