Antes de las siete de la mañana, el clima parecía
estar cambiando y algunos rayos de sol comenzaron a alzarse
sobre Playa Carrillo.
La playa se llenó de ciclistas deseosos de enfrentarse
al reto. Fotos para capturar el momento y tener una prueba
de que se estuvo en La Soledad, abrazos, saludos y palabras
de aliento fueron parte del ambiente que se vivió previo
a la salida. Algunos más ansiosos gritaban "vamonos,
vamonos".
El característico "faltan dos minutos" de Mike Lapcevic,
organizador del evento hizo que el primer grupo de ciclistas
conformado por las categorías elite, masculino general
y Sub 23 se alistaran para partir. Cinco minutos más
tarde salió el grupo en el que iban las parejas de combinados
65+ y 85+. El último grupo en salir fue el más
numeroso donde iban los participantes en las categorías
mixta, hermanos, padres e hijos, femenino, combinados 100+,
juvenil y tandem.
Minutos después de que los 604 competidores arrancaron
la competencia, la lluvia volvió para hacerse sentir
con fuerza durante todo el trayecto. Desde el inicio, lo difícil
del terreno se hizo evidente. Apenas llevábamos recorridos
unos cinco kilómetros cuando vimos a un competidor devolviéndose
con el asiento en la mano, otros a la orilla del camino ajustando
cadenas que sufrieron con la arena de los primeros metros.
Este año, debido al temporal que azotó la zona
días antes de la carrera, se tuvo que cambiar la ruta,
lo que provocó que esta se extendiera y el recorrido
fuera de 90 kilómetros.
La carrera inició en Carrillo rumbo a Estrada, Santa
Marta, San Martín, San Pedro, La Soledad, San Gabriel,
Quebrada Seca, Corozalito, Islita, Camaronal y El Carmen para
regresar nuevamente a Santa Marta y Estrada y concluir en Carrillo.
El barro también fue compañero permanente de
los ciclistas. Los duros ascensos en Santa Marta y La Soledad
pusieron a los competidores al máximo de su resistencia.
Otra dificultad que se presentó durante la competencia
fue la crecida de algunos ríos que hizo que los ciclistas
se tuvieran que enfrentar a fuertes corrientes de agua para
poder cruzarlos.
Durante el trayecto, la lluvia no ahuyentó a los pobladores,
voluntarios y familiares que dieron ánimo y asistencia
a los participantes a la orilla del camino.
En la punta, los de la categoría elite demostraron
su poderío físico y rapidez. En el puesto de
asistencia ubicado entre Punta Islita y Camaronal, la pareja
conformada por Eddy Pérez y Douglas Gutiérrez
pasó en primer lugar seguidos por Melvin Rojas y Esteban
Vargas. Esas posiciones se mantuvieron hasta la meta en Carrillo,
donde Pérez y Gutiérrez entraron con un tiempo
total de 3 horas y 25 minutos. Más atrás la lucha
no era precisamente por los primeros puestos, si no más
bien por terminar la Vuelta de La Soledad a como diera lugar.
A lo largo de la ruta, se pudo observar como el compañerismo
y el trabajo en equipo fueron valores esenciales para desempeñar
un buen trabajo. La coordinación entre las parejas para
manejar una bici tandem, padres e hijos, hermanos, amigos,
novios, todos pedaleando al unísono por un objetivo
en común.
El año pasado el calor y las altas temperaturas causaron
dificultades a los atletas. En esta ocasión, el barro
hizo estragos en las bicicletas de los competidores. Muchos
sufrieron con la ruptura de pasadores, cadenas o frenos y se
vieron obligados a retirarse, otros hicieron lo posible por
terminar.
La lluvia, el barro y los problemas técnicos fueron la
constante en la sétima edición de la Vuelta de
La Soledad pero también lo fue el esfuerzo de competidores,
organizadores y espectadores de esta carrera de ciclismo de montaña
en parejas que se ha convertido en una de las más concurridas,
donde se vive el compañerismo kilómetro a kilómetro
y apta también para disfrutar con amigos y la familia.